Corta el aire. Un viejo ventilado de
techo, el cual trae consigo el aroma de las mil y un noches que me ha visto aquí.
Sangre, sudor y lágrimas ha visto ser derramadas desde su posición casi divina
entre los artefactos. Está por encima de todos en esta habitación. Fumo y veo
como el humo hace un remolino al compas de las aspas del helicoidal
artilundio.
Dime amigo,
¿cuantas noches me has visto por aquí, solo fumando, pensando en la mezcla del
agua y del aceite?, sabes que no soy literal. Me conoces, así tus brazos sean
de lata vieja y oxidada por la brisa húmeda de este pueblo, se cuela por la
ventana y en tus 23 años de abuso te ha terminado por joder, así como nos
joderá a todos algún día ese ente al que llamamos muerte, tal vez tu le llamas
olvido.
Creo que han de
haber sido 147 días. ¿No te parece?, 147 días en los que me has visto fumar de
la misma cajetilla infinita. Gastar el mismo encendedor una y otra vez como si
sus latas de gas no se me acabaran. Tomar de la misma boquilla de la cual ya no
diferencio el sabor, ¿tequila? ¿Aguardiente? ¿Soledad? Dímelo tu amigo, has
estado allí todo este tiempo mirándome. Observas y te ríes de mi, de cómo me
fundo al olvido, al resentimiento de un 'tal vez' acompañado de un 'te odio'
con sabor a 'te amo'.
Desvarío. Este no
soy yo, o puede que sí. ¡Dímelo pero no me lo grites! ¡Se la causa de mi estado!
Maldición esa, la que todos quieren evocar de distintas formas, ese sentimiento
para sufrir, pero que llena de éxtasis al doler. El amor. En tus aspas esta su
nombre, recuerdo que lo pinte, lo tatué en tu lisa y fría piel de hojalata. Lo
hice para recordarla todos los días, no me culpes, fue la época de mi ilusión,
algo utópico de lo que me culpas día con día en esas letras oleosas que jamás
se borraran hasta que dejes de existir. ¡Cúlpame! ¡Yo mismo seré tu verdugo mi más
fiel amigo!
Otro cigarro más
por encender, otro centímetro de ser menos. Ser que fue suyo, pero decidió
abandonar. Me dejo botado y aquí me encontré,
tan arrugado que no pude plancharme, solo acomodarme para seguir terminando conmigo
centímetro a centímetro, cigarro a cigarro. Tú debes recordarlo, cuantas veces
la traje a incomodar tu espacio, a acelerar tu agitar. Veladas de risas,
lujurias y placeres. De cuerpos sudorosos y sexos fundidos, pasión de la que
fuiste testigo voyerista. Noches de efímeras sensaciones, entre besos cálidos y
palmas heladas, copas de vino y jarras de cerveza, noches de banquetes y
hambrunas, noches de abundancia y de carencia. Tú me viste amarla bajo tu aura,
tú la viste mentirme bajo tus brazos. Tú la viste abandonarme por otro a quien
igualmente dice amar, el mismo al que amaba cuando la conocí. Un pobre diablo
por el que habría dado mi existencia borona a borona por ser el.
Tú ahora me ves
morir por ella, sexo, sudor y piel ajena han pasado por esta cama. Mi lujuria
no desvanece mas mi sed saciada no está. Ella fue mi perdición. A ella la ame y
con ella se fue todo, no he vuelto a amar, a pesar que mil copas he probado,
todas me siguen sabiendo a licor barato.
Amigo, mi querido
amigo. Sé que tu no me oyes, eres un ser inerte y carente de vida. Así como ella
lo es, falta de aliento, invención mía. Tú me has visto mentirme, ella no vino
a mis puertas, la cree con las gotas de imaginación y desprecio por la soledad
que se regaban de mi ojos al pensar en mi triste existencia. Aun así dentro de
su irrealidad ha de haberme abandonado, en su nombre está la razón por la que
se fue. Se llamaba vida, la metí en mi habitación, la desnude y la hice mía. La
use para sentirme uno, como si ella fuera otra, dos seres fusionados. Es
imposible unirte a tu naturaleza, ella es tuya hasta que te abandona. Ella me
abandono tan solo por mí, sabe que no la amo, le soy infiel como ella me es
infiel con la realidad. Yo la desprecio por la miseria, mi verdadero ser, mi
verdadera unión, soy su obsesión. Pero cada vez que quiero alejarme de ella, me
atrapa, me agarra entre sus piernas y rasga mi espalda pero me hipnotiza, me
asesina cuando llega, no avisa, me enloquece y me amarra a ella. Solo la puedo echar
cuando mi voluntad y mi ser me dejan. Ella sin embargo, la vida me respeta, me
avisa y se me acerca, me acaricia, me mima y llega a mi puerta con toda su disposición,
o al menos cuando fue mía.
Y ahora estoy aquí,
con cigarrillos a medio fumar, los ojos rojos por el humor de la nicotina,
hambre de algo que no es real. Hablándole a un viejo ventilador, asesino, amigo
y enemigo. Añorando una utopía en cuerpo de mujer, que me seduja con sus
curvas, me bese con sus labios y me termine de hundir o me ayude a salvarme.
Hoy mientras narraba mis desgracias han tocado a mi puerta. De algo puedo estar
seguro, alguna de las dos ha llegado y si mi puerta no ha caído a patadas es
porque ha venido aquella a la que engañe, tal vez a besarme de nuevo o a
abofetearme para dejarme con la miseria y ser desgraciadamente feliz con solo
haberle visto.