lunes, 31 de diciembre de 2012

Hielo y Fuego



Tal vez, suele suceder. Un día te levantas y te miras en el espejo y simplemente ya no conoces a quien está enfrente. Es un reflejo, pero de algo que aun no conoces. Mírame, me desintegro como las cenizas en el viento. La esencia de lo que alguna vez fue, hoy se ha desvanecido. Fue el tiempo, los míseros granos de la arena del reloj fueron cubriendo cada vez más los restos del cadáver exquisito de un individuo que hoy se esfuma entre los fantasmas de la vida. 12 onzas de licor, 4 vasos de miel, un cuerpo desnudo en nubes de terciopelo. Un muerto y un agonizante, con la dosis perfecta de medicina a sus males, tan distintos en síntomas, pero tan mortales en verdad. Y solo un antídoto a cada veneno. El deseo.

Vida o muerte, ya no parece haber diferencia. Solo un pequeño hilo entre los estados físicos del ser humano. En el uno la mente trabaja, los pulmones respiran y el corazón late. Pero, ¿en realidad es estar vivo?, porque durante el proceso de la existencia cada uno ha experimentado la falla, como el cerebro se congela, la respiración se detiene y el corazón simplemente explota, aun con la vida en vigor es algo que cada uno ha experimentado. Yo lo sé, porque veo en este cuarto a la muerte a los ojos, mientras me seduce, en su cuerpo de mujer me hipnotiza y me pide que la abrace, que la acoja. ¿Es muerte o es vida? Tal vez ha sido ambos, en su poca y desafortunada existencia ha experimentado ambos papeles en mí. Incluso cuando la veo con los ojos llenos del hielo de su corazón la imagino, saliendo de las frías aguas de la Antártida, desnuda y bella en todo su esplendor. Letal e inmortal.

Yo en cambio, soy distinto, ahora lo soy. Veo en ella el temor, el fuego que yo le represento. Tan incontrolable y feroz que podría exterminarla en un segundo. Pero le atraigo, el peligro y la destrucción que puedo provocar le gustan. ¿Porque lo hace? ella letal para mí, yo mortífero para ella. Pero la muerte es más fuerte en la presunta ausencia. La lejanía entre ambos es peor que la muerte. Es olvido.

Pero ella no sabe. En su fijación no lo determina. Todo cambia, porque lo recuerdo muy bien. De los 365 días, este en especial, porque es el que todo cambio. Si un día la desee, con toda la lujuria terrena, hoy los papeles cambiaron. Ella es el letal fuego de la pasión al que el hielo de la indiferencia asesina lentamente. Ese, soy yo. 

Gracias a ella, al momento, al tiempo y al fuego. Descubrí el peor veneno que la vida, esa vieja hastía de odios y pasiones, ha creado. El amor. Esa es la maldición, el temor y el abrigo, al frio y a la soledad, o tal vez al revés. Olvide la diferencia al fundir mi ser en el hielo, solo me fusione como las cenizas entre el fuego, se confunden. Es ese amargo trago que todos ansían por beber. Embriagarse y morir ahogados en el. Pero yo no, ya no. Es en el fondo del mar donde deseo ahogarme, hundido entre los deseos incautos de la mente humana. No quiero la vida, no la vida llena de luz que todos anhelan. Quiero obscuridad, lo contrario a lo que ella me mostro. Fuera del deseo, el sexo y lo utópico. Quiero mis pies en la tierra. Quiero la sabiduría de la soledad, el delirio de la amistad, la compañía de la hermandad. Y en la hora del fin, el alto en el camino, dejare entrar en mi cuerpo ese veneno. A pesar de que me sea tan impío y absurdo, también lo quiero. Soy humano y moriré como tal. Lejos de ella, porque ella fue el amor  que deje, el amor que me hirió, el amor que quise y me dio la espalda. Por ello cuando es la hora de llegar al camino de lo obscuro, verdadero aunque adverso, puedo decir que fue el amor incomprensivo quien me impulso allí. Ahora ella es el fuego del cariño y yo el hielo del rencor. 


miércoles, 19 de diciembre de 2012

Oportunidad de un Idiota con Suerte


Es casi poético ver como un trozo de vida se desvanece entre las yemas de los dedos. Saber que tienes entre el anular y el pulgar 21 centímetros menos de pulmones y en un vaso 4 onzas menos de hígado y cerebro. Pero sabes que es dulce, el humo y el hedor del licor, sabes que son tu perdición pero aun así los pruebas, los disfrutas y no los dejas. Te reflejas entre las estelas de humo que cubren el techo de tu dormitorio y sientes como las frías gotas de agua que emanan de un cristal frio por el cubo de hielo que tiene dentro, es casi como el sudor que recorre tu espalda mientras permaneces inmóvil como una barra de hierro clavada en la mitad de una plaza, y de igual manera, no tienes sentido. 

Te sientas en un sillón de fique con música suave, un vaso, hielo, tu botella favorita y media cajetilla. "Solo me calmara". Te sientas y te mientes como cada noche, con los mismos ingredientes, alcohol, tabaco, fuego y tu furia interna, porque eres como un juego de naipes y tienes una cara diferente cada día en el mundo exterior, pero en interior de tu cueva solo eres uno, azul o rojo, no es mas. El tonto complaciente que observa televisión inmóvil toda la noche hasta la madrugada, o el artista fracasado que intenta dibujar sus frustraciones en un papel casi blanco mientras oye a Moby. Aunque en verdad olvidaste ser el segundo y cada vez mas eres el fracasado encadenado a la caja idiota de 29 pulgadas que compraste con tu primera paga. 

Lunes 7:00 am, martes a la misma hora y así toda un ridícula semana. Duermes hasta las 9 el sábado para "reponerte" cuando duermes tan solo 4 horas. Miserable como todos. Te lo repites día con día, desayuno almuerzo y cena, con un cigarro aquí y otro allá. Tu huella ya ni siquiera es visible, ni en el bus de ida ni en el de vuelta. Cada día a los 32 años de vida desvariadle, la muerte se te hace más efímera. 

Domingo 11:38 pm y sigues fumando, intentando leer otra cosa sin sentido, del gurú gringo ese Chopra o Chopre, quien sea, solo te hace mas patético que busques entre las letras de un hindú la chispa de vitalidad que se te apago, el no te conoce, ya nadie te conoce. Habitación, después sala, ahora cocina, abres el gabinete de la pared izquierda, buscas un chocolate para engullir. Lo tragas y tomas el cuchillo más grande del juego oriental que compraste por televisión, "los más afilados del mundo", un slogan igual de patético al que los compra. Ahora vacilas, lo examinas. En efecto es bastante afilado. Ahora mírate las muñecas, ¿donde será mas seguro cortar? ¡Un momento! espera, reflexiona. ¿Es lo que quieres? ¿Ser cobarde?

Cara es igual muerte, cruz es igual a "espero un día más". Si imbécil déjalo a la suerte. Lanzas la moneda y el tiempo se congela. Casi percibes todo lo que hay a tú alrededor, las latas de atún del gabinete abierto, el plátano casi negro que está en el mesón de la cocina, el pan embolsado a un día de caducar. Todo, menos la maldita moneda. Ahora la dejaste caer, estúpido. Búscala y revisa haber si te mueres o solo lo pospones. 

10 minutos buscándola hasta que la encuentras. Empuña el cuchillo, respira profundo. Abre la bolsa y corta en dos ese pan, hasta un buen sándwich antes de dormir. Te pospusieron el deceso idiota, te salvaste. Como un fracaso, no supiste decidir, solo dejaste al azar algo importante, como tantas veces hiciste en tu pobre existencia. Vino blanco o vino tinto, la moneda decide, y así fue tu primera cita con la mujer que se acostó con otro cuando le pedirías matrimonio. Marlboro o lucky, y la moneda juega de nuevo. Bogotá o Medellín, ¿se te volvió costumbre usa la monedita? ¡Fracasado!

Lunes 7:10 am. Se te hizo tarde por dormirte a las 3 fumando y viendo la caja idiota, nuevamente. ¡Sal corriendo! ¡Imbécil! ¡El bus va a estar lleno! Estiras la mano y ya no te paro, eso, insulta al conductor. ¿Porque no tienes listo el dinero del pasaje? revisaste tus bolsillos ¿verdad?, ahora mira en la billetera mientras por fin se te pasa el bus con espacio. ¡Insulta a la vida! ¡Se te fue el bus!, pero, un momento, ¿que fue eso?, si, ese chirrido largo y ahora ese estruendo, ¿porque la gente corre? Mierda, se estrello el bus.

Colisión de un autobús frente al edificio de apartamentos del centro. 4 muertos, 8 heridos. Una vida salvada. ¡La tuya imbécil! ¿Que habría sido de ti si hubieras subido a ese bus?, estarías pagando el pasaje en ese momento, habrías muerto tal y como lo hizo el desafortunado conducto y la pareja de peatones que estaban en trayectoria de colisión con el bus. ¿Que habría sido de ti si hubieras tenido el dinero listo? ¿Si esa monedita con la que juegas estuviera en tu bolsillo y te completara el pasaje? ¿Y que si hay un algo que te salvo?, si hubieras bajado un minuto antes, si te hubieras decidido a tomar el bus más adelante o si te hubieras quedado dormido. Estas vivo. No gracias a tu ingenio, ni a tu experiencia como los héroes de tu maldita televisión. No, fue la misma monedita a la que se lo dejas todo. Te salvo en ausencia. Ahora podrás justificar tu tardía llegada a tu trabajo, podrás respiras 21 centímetros más de aire. Es una... ¿segunda oportunidad?, pues ¡úsala imbécil! y sal de tu estúpida monotonía. Busca una mujer para acostarte con ella, para enamorarte de ella, trabaja hasta partirte el alma y lucha por salir de la miseria del asalariado inconsciente. Toma esos malditos cuchillos y cocina con ellos una ensalada para tus amigos y pasa una estúpida noche con más compañía que un televisor. y esa moneda, bótala por la ventana de tu cuarto, aquí, a la calle, que tal vez le sirva mas al pobre narrador de tu historia que a un idiota con suerte.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Temor y Decepcion




Como el azúcar en el agua. Sé que es así, con tan solo observarla. La siento, latido a latido, con cada exhalación, siento como se disuelve, como el azúcar en el agua. Se disuelve entre historias y pensamientos que su mente y su espíritu le aquejan, le remuerden y le encaran sus errores. La consumen milímetro a milímetro. Desgarran entre la miel de su existencia, mientras sus lágrimas se escurren por sus mejillas y pienso en ella. En este rincón de mi habitación, siempre obscura y solitaria como el viejo teatro donde la conocí, viendo una obra que no recuerdo, solo recuerdo ese color, su negro cabello que se confundía con el terciopelo obscuro de su asiento. Fuerte, con una convicción casi inquebrantable que demostró con su primer "hola" en ese frio lugar. Pero era frágil como la tela de una araña.

Cada vez que habló, fue como una flecha, entro en mi mente y pensamiento con tal fuerza que no pude más que dejarle allí. Dormir con ella en mi mente. Esperando una epifanía un poco ilusa, como si las mieles de un destino infructuoso, estúpido e incluso, infecto. Hoy la siento derramar sus lágrimas, fundirse entre la melancolía y el delirio de algo que perdió y ahora anhela. 

Una historia labrada entre llanto y lujuria. De un cuarto de motel barato, ron y cigarrillos mentolados. Ojos fundidos, de dos queriendo fundirse en uno. Sexos amorosos y palabras hirientes que emanan sensualidad. Así fue la historia de aquella chica, ella, la que se desvanece mirando por la ventana de una triste habitación, una cama y una puerta, que solo mira, atiborrando su mente de fantasías donde le ve llegar, donde la sostiene mientras la besa, donde ella muerde sus labios esperando ver esa lagrima de pasión que se escurre por las mejillas de su hombre. El la desviste y la hace suya en su habitación. Pero son fantasías de un pasado que ella tuvo y dejo pasar. Ahora fuma, por primera vez en su vida mientras llora de forma casi estática, como una estatua mártir de un presente sin rumbo. De una vida penando por lo que desecho. 

La imagino bien, quemando tabaco como yo lo hago, en este momento mientras abro otra cajetilla. Como si nos juzgáramos. Ella llorando por su amado, yo endureciendo mi vida, llenándola poco a poco del concreto de la indiferencia. Pero es imposible. Aparento mas no lo siento. Sé que sufre, llora y se deprime en el fondo de su corazón, solloza en la soledad de su cuarto mientras intenta sentir las caricias que nunca mas sentirá. Lo sé hermana, yo también lo sentí. Porque así como ahora me pierdes, yo también te perdí alguna vez, solo que tu deseaste volver, yo en mi caso, no estoy tan seguro de regresar.

Corriste tras otros brazos, más de una vez. Confundiste el amor con pasión sensual y cuando empezaste a sentirlo volviste a escapar, por miedo tal vez. Fue tu error. Una vez no es permiso de repetición. Te conozco, tu cuerpo, tu alma. Sé que no mientes ante el dolor. Yo tampoco pude hacerlo. 

Ahora ves tú error, pero el tiempo no perdona, un corazón herido tampoco. El matiné se ve solo sin ti, pero no es el fin de la historia. La noche ya no es ardiente, pero el tiempo corre. El único tesoro que tal vez nunca descubra sean tus ojos, aquellos que gritaban en el silencio y besaban en la quietud de una foto en la distancia. 

Hoy te disuelves en tu agua, melancólica y triste como un atardecer con la lluvia de la ciudad. Porque eres azúcar, de la más dulce jamás probada, exquisita y cruel. Jamás serás amarga, la melaza de tu piel no se desvanecerá, pero fue el error que hoy admites y por el que hoy lloras y temes, que convirtió a tu otro ser en sal. Opuestos. Ying y yang, juntos por un motivo, separados por el hedor de una traición. Hoy tú te desvaneces en la niebla de tus deseos, delirios y pesares. Una historia, un amor. Agua y azúcar. Le amo pero duele. Temor y decepción. El olvido no es completo, la distancia es el reflejo de una libertad efímera, que tal vez, planeo cumplir.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Sangre mezclada con agua


Su cielo raso está manchado- Le dije al doctor mientras repasaba en su libreta nuestras últimas sesiones.

- Sinceramente no lo había notado, y pasó casi todo mi día aquí-

-Debería prestarle atención, puede ser humedad o algo más raro- le
Dije mirándolo a los ojos como si fuera un conocedor en el tema, o incluso mejor dicho un charlatán.

-Bueno Jorge, ¿ya cuantos días van?- dijo el estúpido como si lo mío fuera un simple dolor de cabeza.

- nueve, doctor -  les respondí sentado en lo único que me agradaba de su parco y simplón consultorio, ese sillón de cuero marrón, podría ser sintético pero no era el material lo que me gustaba, era la firmeza de su relleno, lo duro que es para uno sentarse. Lo sé, no es común que a una persona le guste un mueble con cojines duros, pero yo por el contrario los amaba, solo por el hecho de que me hacía sentir rígido en el mundo, no solo una masa escuálida como
Estoy acostumbrado a ser. Pues bien, retomando mi coaptado encuentro con este loquero de cuarta, podrá tener 3 diplomas en la pared pero de persona tiene tres grapas igual de filosas a su trato con los pacientes. Es el insomnio, ese maldito malestar que te evoca un sinfín de dolores emocionales, mi estomago ardía de la ira y la impotencia de no poder descansar si quiera un minuto.

- Créame doctor, esta porquería me está matando- le digo al estúpido haber si entiende mi desespero.

- ¿siguió tomando el medicamento?- me respondió ese remedo de psicólogo, como si tuviera aires de Europa y no ha salido mas allá de las montañas de Boyacá, maldito perdedor.

-Si, hace un mes si me estaban haciendo efecto, pero de un tiempo para acá esa vaina no me sirve y no me atrevo a aumentar la dosis, no quiero terminar en el baño de mi casa, con espuma en la boca y sin pulso como cualquier adicto que se jodio con una sobredosis- le conteste ahora con mas desesperación, combinando mi insomnio con la tan dócil voz de ese supuesto medico, me exasperaba al máximo, ya no podría casi ni pensar. La vida es un asco, lo es, y sin sueño que conciliar, lo es mucho más. Ya mis nervios estaban en el punto en que no soportaban una sola cosa, una explosión de adrenalina refundida en ira se acercaba y no sería yo el culpable de que terminara haciéndose efectiva. 

- ¿Que efectos ha notado con estos nueve días?-

- Usted no se imagina doctor, ya no sé qué es lo que hago, son cosas que no me explico, tengo en un momento algo en la mano y al otro desaparece, pareciera que fueran sueños interrumpidos, o fantasías. También veo cosas, creo que son pesadillas mezcladas con la realidad. No lo sé.-

- ¿Que cosas?-

Que cosas. Como si le pudiera responder eso a este pusilánime. Si supiera que estas pesadillas en vivo han terminado por gustarme, se estremecería. Imágenes de dedos que salen a volar al contacto con ventiladores, risas que se mezclan con gritos de dolor y miedo. Hombres que caminan sin ver sus pies, por que los ha cercenado el miedo, los tiene colgados en sus manos como si fueran pares de zapatos amarrados con sus cordones. No quiero saber como están amarrados esos pies, aunque me causa una curiosidad casi digna de un niño que divisa un juguete nuevo, tal vez un dulce que le es provocativo. Si le dijera a ese doctor que veo personas que no son reales hablarme, contarme sus historias, sus muertes, mostrándome sus cicatrices y demás delicias como ellos mismos me han llegado a decir. Son víctimas. Personas perecidas bajo el nombre de la pasión humana. Si. Ese sentimiento de energía momentánea que tanto nos arroja las luchas mas descarnadas con nuestros pares, como nos arroja a hacerle el amor a una mujer con tanta fuerza que no podemos evitar las llagas en las caderas. Adoro la pasión. Escribo con ella, me sumerge y me inspira. Ella es la que me indica que me gusta, me gusta ver esas personas inexistentes mostrarme sus heridas, tocar sus carnes llenas de rojo sangre y deleitarme. Estos son los personajes de mis escritos, redacto para el miedo, tratando de huir de mi propio temor. La monotonía. 

- No doctor, no le diré- 

Ni loco que me tenga el insomnio le narrare mis fantasías descarnadas, puede olvidarse de ello. 

- Me preocupa su condición, le voy a recetar algo más fuerte haber si puede dormir. Me gusta eso de que no le guste auto medicarse, es muy peligroso-
Pobre idiota, cree que no lo sé aun cuando se lo he dicho. Ahora el imbécil esta volteándose hacia su escritorio, de esos que tienen mesa de vidrio. Tomo su recetario y empezó a escribir. Como todos los médicos, desde los pediatras hasta los psiquiatras, con una letra repulsiva que solo entienden ellos y el farmacéutico. Hay algo en ese escritorio que me llama mucho la atención.

- Bonito abre cartas doctor, ¿es de plata?- 

- oh, si, lo es - dijo esta vez mirándolo un segundo antes de volverse sobre su libreta. No puedo evitar sentirme algo curioso ante ese objeto. De seguro es filoso y de hecho muy llamativo, tiene una decoración especial, en relieve tiene el símbolo de la medicina con la serpiente. Como si este supuesto medico salvara vidas. Pero lo que más me desconcierta es que un psicólogo que se enfrenta día con día con personas con traumas y perturbaciones tan graves, tenga en su consultorio ese objeto con el que fácilmente le podrían hacer daño. Provocar dolor, mi viejo amigo, el dolor.

- Mire aquí dice el nombre del medicamento, tómelo una hora antes de acostarse con mucha agua. No lo olvide-

- Tranquilo doctor, no lo olvidare. Así como no olvidare su cara-

- ¿mi cara?- pregunto el incrédulo medicucho. Con una expresión de sorpresa en el momento. Claro, después su expresión cambio, no supe determinar si era sorpresa o dolor cuando su preciado abre cartas ya estaba fusionado con su cuerpo. Mas específicamente con su garganta, así lo hice para que no pudiera emitir sonido alguno. Y mientras le tomaba de las manos para que no pudiera cubrirse o arrojar algo al piso, lo fui dejando caer sobre su sofá que tanto me encantaba. 

- Apuesto a que era un regalo de grado. Admito que es un muy hermoso artefacto y es irónico que en este momento ese símbolo de la medicina que acostumbra a salvar vidas, le este perforando la garganta ¿no cree? ¡Ay doctor! como es de imbécil usted. Solo a usted se le ocurre dejar cerca de un desequilibrado como yo una cuchilla como esa. Pero no se preocupe, le aseguro que usted tendrá legado, va a ser el personaje de mi próxima historia. El psicólogo incompetente-
Y mientras veía como se desvanecía la vida de los ojos grises del doctor, mientras la sangre se escurría gota a gota por cada centímetro de su cuello, me di cuenta. Cada imagen que veía era yo mismo. Cada pesadilla que me excitaba y entumecía el palpitar de mi corazón era protagonizada por mí. ¡Que maravilla!, soy mi propio héroe. Sé que tengo sangre mezclada con agua corriendo por mi cuerpo, tan insípida y aburrida que debo buscar la verdadera sangre de quienes no se la merecen para robármela.

Esa noche dormí como un bebe y para cuando desperté en la mañana ya estaba en las noticias locales de la radio que uno de los más reconocidos psicólogos de la capital había sido asesinado en su consultorio, su cuerpo se había encontrado completamente seco y junto a su cadáver se encontró un vaso al parecer untado de lo que parecía ser su sangre y saliva de su agresor. Sé que me atraparan, no huiré, no soy idiota. Igual aun disfruto el éxtasis del momento. Esperare por ellos aquí en mi puerta mientras termino de escribir mi historia del querido doctor que fue asesinado por el autor de ese cuento. Mi obra maestra, mi autobiografía.