domingo, 2 de diciembre de 2012

Sangre mezclada con agua


Su cielo raso está manchado- Le dije al doctor mientras repasaba en su libreta nuestras últimas sesiones.

- Sinceramente no lo había notado, y pasó casi todo mi día aquí-

-Debería prestarle atención, puede ser humedad o algo más raro- le
Dije mirándolo a los ojos como si fuera un conocedor en el tema, o incluso mejor dicho un charlatán.

-Bueno Jorge, ¿ya cuantos días van?- dijo el estúpido como si lo mío fuera un simple dolor de cabeza.

- nueve, doctor -  les respondí sentado en lo único que me agradaba de su parco y simplón consultorio, ese sillón de cuero marrón, podría ser sintético pero no era el material lo que me gustaba, era la firmeza de su relleno, lo duro que es para uno sentarse. Lo sé, no es común que a una persona le guste un mueble con cojines duros, pero yo por el contrario los amaba, solo por el hecho de que me hacía sentir rígido en el mundo, no solo una masa escuálida como
Estoy acostumbrado a ser. Pues bien, retomando mi coaptado encuentro con este loquero de cuarta, podrá tener 3 diplomas en la pared pero de persona tiene tres grapas igual de filosas a su trato con los pacientes. Es el insomnio, ese maldito malestar que te evoca un sinfín de dolores emocionales, mi estomago ardía de la ira y la impotencia de no poder descansar si quiera un minuto.

- Créame doctor, esta porquería me está matando- le digo al estúpido haber si entiende mi desespero.

- ¿siguió tomando el medicamento?- me respondió ese remedo de psicólogo, como si tuviera aires de Europa y no ha salido mas allá de las montañas de Boyacá, maldito perdedor.

-Si, hace un mes si me estaban haciendo efecto, pero de un tiempo para acá esa vaina no me sirve y no me atrevo a aumentar la dosis, no quiero terminar en el baño de mi casa, con espuma en la boca y sin pulso como cualquier adicto que se jodio con una sobredosis- le conteste ahora con mas desesperación, combinando mi insomnio con la tan dócil voz de ese supuesto medico, me exasperaba al máximo, ya no podría casi ni pensar. La vida es un asco, lo es, y sin sueño que conciliar, lo es mucho más. Ya mis nervios estaban en el punto en que no soportaban una sola cosa, una explosión de adrenalina refundida en ira se acercaba y no sería yo el culpable de que terminara haciéndose efectiva. 

- ¿Que efectos ha notado con estos nueve días?-

- Usted no se imagina doctor, ya no sé qué es lo que hago, son cosas que no me explico, tengo en un momento algo en la mano y al otro desaparece, pareciera que fueran sueños interrumpidos, o fantasías. También veo cosas, creo que son pesadillas mezcladas con la realidad. No lo sé.-

- ¿Que cosas?-

Que cosas. Como si le pudiera responder eso a este pusilánime. Si supiera que estas pesadillas en vivo han terminado por gustarme, se estremecería. Imágenes de dedos que salen a volar al contacto con ventiladores, risas que se mezclan con gritos de dolor y miedo. Hombres que caminan sin ver sus pies, por que los ha cercenado el miedo, los tiene colgados en sus manos como si fueran pares de zapatos amarrados con sus cordones. No quiero saber como están amarrados esos pies, aunque me causa una curiosidad casi digna de un niño que divisa un juguete nuevo, tal vez un dulce que le es provocativo. Si le dijera a ese doctor que veo personas que no son reales hablarme, contarme sus historias, sus muertes, mostrándome sus cicatrices y demás delicias como ellos mismos me han llegado a decir. Son víctimas. Personas perecidas bajo el nombre de la pasión humana. Si. Ese sentimiento de energía momentánea que tanto nos arroja las luchas mas descarnadas con nuestros pares, como nos arroja a hacerle el amor a una mujer con tanta fuerza que no podemos evitar las llagas en las caderas. Adoro la pasión. Escribo con ella, me sumerge y me inspira. Ella es la que me indica que me gusta, me gusta ver esas personas inexistentes mostrarme sus heridas, tocar sus carnes llenas de rojo sangre y deleitarme. Estos son los personajes de mis escritos, redacto para el miedo, tratando de huir de mi propio temor. La monotonía. 

- No doctor, no le diré- 

Ni loco que me tenga el insomnio le narrare mis fantasías descarnadas, puede olvidarse de ello. 

- Me preocupa su condición, le voy a recetar algo más fuerte haber si puede dormir. Me gusta eso de que no le guste auto medicarse, es muy peligroso-
Pobre idiota, cree que no lo sé aun cuando se lo he dicho. Ahora el imbécil esta volteándose hacia su escritorio, de esos que tienen mesa de vidrio. Tomo su recetario y empezó a escribir. Como todos los médicos, desde los pediatras hasta los psiquiatras, con una letra repulsiva que solo entienden ellos y el farmacéutico. Hay algo en ese escritorio que me llama mucho la atención.

- Bonito abre cartas doctor, ¿es de plata?- 

- oh, si, lo es - dijo esta vez mirándolo un segundo antes de volverse sobre su libreta. No puedo evitar sentirme algo curioso ante ese objeto. De seguro es filoso y de hecho muy llamativo, tiene una decoración especial, en relieve tiene el símbolo de la medicina con la serpiente. Como si este supuesto medico salvara vidas. Pero lo que más me desconcierta es que un psicólogo que se enfrenta día con día con personas con traumas y perturbaciones tan graves, tenga en su consultorio ese objeto con el que fácilmente le podrían hacer daño. Provocar dolor, mi viejo amigo, el dolor.

- Mire aquí dice el nombre del medicamento, tómelo una hora antes de acostarse con mucha agua. No lo olvide-

- Tranquilo doctor, no lo olvidare. Así como no olvidare su cara-

- ¿mi cara?- pregunto el incrédulo medicucho. Con una expresión de sorpresa en el momento. Claro, después su expresión cambio, no supe determinar si era sorpresa o dolor cuando su preciado abre cartas ya estaba fusionado con su cuerpo. Mas específicamente con su garganta, así lo hice para que no pudiera emitir sonido alguno. Y mientras le tomaba de las manos para que no pudiera cubrirse o arrojar algo al piso, lo fui dejando caer sobre su sofá que tanto me encantaba. 

- Apuesto a que era un regalo de grado. Admito que es un muy hermoso artefacto y es irónico que en este momento ese símbolo de la medicina que acostumbra a salvar vidas, le este perforando la garganta ¿no cree? ¡Ay doctor! como es de imbécil usted. Solo a usted se le ocurre dejar cerca de un desequilibrado como yo una cuchilla como esa. Pero no se preocupe, le aseguro que usted tendrá legado, va a ser el personaje de mi próxima historia. El psicólogo incompetente-
Y mientras veía como se desvanecía la vida de los ojos grises del doctor, mientras la sangre se escurría gota a gota por cada centímetro de su cuello, me di cuenta. Cada imagen que veía era yo mismo. Cada pesadilla que me excitaba y entumecía el palpitar de mi corazón era protagonizada por mí. ¡Que maravilla!, soy mi propio héroe. Sé que tengo sangre mezclada con agua corriendo por mi cuerpo, tan insípida y aburrida que debo buscar la verdadera sangre de quienes no se la merecen para robármela.

Esa noche dormí como un bebe y para cuando desperté en la mañana ya estaba en las noticias locales de la radio que uno de los más reconocidos psicólogos de la capital había sido asesinado en su consultorio, su cuerpo se había encontrado completamente seco y junto a su cadáver se encontró un vaso al parecer untado de lo que parecía ser su sangre y saliva de su agresor. Sé que me atraparan, no huiré, no soy idiota. Igual aun disfruto el éxtasis del momento. Esperare por ellos aquí en mi puerta mientras termino de escribir mi historia del querido doctor que fue asesinado por el autor de ese cuento. Mi obra maestra, mi autobiografía. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario